Archivos Mensuales: julio 2015

La ciberseguridad como herramienta de trabajo de los periodistas

El Comité de Protección de los Periodistas (CPJ) publicó hace un tiempo un artículo de Tom Lowenthal titulado La vigilancia obliga a los periodistas a pensar y actuar como espías. El CPJ es una organización internacional con sede en Nueva York que promueve la libertad de prensa en todo el mundo y defiende el derecho de los periodistas a informar sin miedo a represalias. Lowenthal es un periodista freelance y experto del CPJ en materia de seguridad operativa y autodefensa contra la vigilancia. Sostiene en su escrito que «en una época un periodista nunca entregaba a una fuente confidencial. Cuando alguien se ofrece, anónimamente, para informar a la sociedad, es mejor arriesgarse a pasar un tiempo encerrado en la cárcel que entregar a esa persona. Esta responsabilidad ética también era una necesidad práctica y profesional. Si prometes el anonimato, estás obligado a cumplir. Si no puedes cumplir con tu palabra, ¿quién depositará la confianza en ti en el futuro? Las fuentes se van a otra parte y las noticias te pasan de lado».

Lowenthal añade que «la experiencia de una nueva generación de redactores presenta una historia diferente. Optar por decir el nombre de una fuente es una cuestión secundaria. ¿Acaso ahora se puede proteger el nombre de una fuente? Los registros de llamadas, archivos de correo electrónico, intercepción de teléfonos, información de localización derivada de antenas para celulares, tarjetas o abonos inteligentes de transporte, activación remota del celular para escuchar conversaciones mediante su micrófono, cámaras de vigilancia: la opción por omisión de nuestro mundo es estar bajo vigilancia. Por unos breves momentos quizás se pueda tener privacidad, pero, inclusive entonces, únicamente tras mucho esfuerzo. Y sin embargo, este es el mundo feliz del periodismo.»

La última cita del artículo de Lowenthal –de lectura imprescindible para quien haga periodismo de investigación– que quería aportar en este apunte es esta: «Si es que acaso un periodista puede proteger la identidad de sus fuentes, es sólo gracias a la aplicación de increíble experticia y práctica, junto con el empleo de costosas herramientas. Los periodistas ahora compiten con los agentes secretos y los espías, y los agentes secretos cuentan con la ventaja que otorga la condiciónde sede. El hábitat de un periodista no debe ser mundos oscuros de subterfugio y vigilancia. El tiempo que un periodista pasa aprendiendo el juego Spy vs.Spy podría estar mejor dedicado a perfeccionar sus habilidades profesionales. Cada hora dedicada a entender complejas herramientas de seguridad podría ser una hora dedicada a la investigación y la redacción». Todo el escrito advierte de las dificultades de todo orden para mantener la privacidad de los equipos de trabajo de los periodistas.

Pero, según afirman diferentes expertos, este es uno de los retos principales del periodismo, especialmente el de investigación. Al mes de enero, tuve la oportunidad de participar en un seminario de formación de cuatro días organizado por la Federación Europea de Periodistas (FEP) en Bruselas sobre Ciberseguridad para periodistas. A lo largo del curso, quedó claro que «la protección de las fuentes puede verse fácilmente comprometida en un mundo donde la vigilancia de la sociedad es cada vez más omnipresente y cada vez menos perceptible. Pero sacrificando un poco su tiempo, los periodistas pueden igualmente aprovechar estos mismos avances tecnológicos para hacer más seguras sus comunicaciones y para protegerse mejor y reforzar la relación de confianza con sus fuentes.» También se pudieron aprender de manera rápida y práctica el uso de las nuevas herramientas en este campo y «conocer medios técnicos para evitar la censura en Internet, examinar casos prácticos de pirateo y de violaciones de los derechos humanos, y descubrir nuevas herramientas para encriptar comunicaciones o reforzar contraseñas.»

Hay países, como Suecia, donde la protección de las fuentes no es un derecho de los periodistas sino una obligación. En España no está ni siquiera regulado. Por eso el Estado español está a la cola de Europa en lo que se refiere a la libertad de prensa y al derecho a la información. Pero el secreto profesional es uno de los pilares de una prensa independiente y los avances tecnológicos hacen que para protegerlo se necesite mucho más que una ley. Hace falta que los informadores conozcan y dispongan de herramientas para proteger sus equipos informáticos y sus comunicaciones. Probablemente, un gran medio podrá disponer de recursos humanos y técnicos para hacerlo. Otra cuestión es que quiera plantar batalla a las estructuras del Estado –o de quién sea– y opte para mantener indefensos a sus periodistas. En las publicaciones más pequeñas pero basadas principalmente en el periodismo de investigación, el reto de protegerse de ataques cibernéticos es más que imprescindible. Los recursos materiales pueden ser caros pero conocer las herramientas informáticas y tecnológicas puede dificultar la interceptación de las comunicaciones y blindar mejor las webs y los equipos de trabajo.

Hasta hace poco, el concepto «seguridad» aplicado en el mundo de la información era principalmente más una cuestión de seguridad física por los riesgos inherentes al trabajo desarrollado en zonas en guerra o por la represión en países bajo regímenes dictatoriales. Ahora, hay que incluirle la vertiente cibernética a partir de los ataques que se viven y ven en cualquier lugar del mundo, incluso en los estados presuntamente más democráticos. En este sentido, casos como el de Snowden son bastante ilustrativos. Por eso, desde las organizaciones internacionales de periodistas más destacadas –como la Federación Inrternacional de Periodistas (FIP)–, se pide que los profesionales tomen conciencia de la importancia de esta cuestión y adopten medidas para protegerse del ciberespionaje.

En Cataluña y en el Estado español, hay gente que trabaja en este ámbito, sólo falta que los informadores asuman la importancia que tiene. La periodista Marta Peirano publicó hace pocos meses El pequeño libro rojo del activista en la Red (Roca, 2015), un libro con prólogo de Edward Snowden, sobre la seguridad en la red, con consejos para asegurar las comunicaciones. Pero si hay una periodista que se ha convertido en un referente en estas cuestiones es Mercè Molist. A principios de año publicó Cibercrimen  (Tibidabo Ediciones, 2015) y es probablemente quien más ha escrito y desde hace más tiempo sobre hacking y ciberseguridad.

Es sabido que la seguridad absoluta no existe, que, si alguien nos quiere reventar la puerta de casa, lo acabará haciendo por muchas medidas para evitarlo que hayamos puesto. Pero no por eso nadie deja la puerta abierta cuando sale de casa. En la Red, es exactamente igual, debe hacerse el máximo para protegernos sabiendo que nunca lo estaremos al 100%.

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