Archivos Mensuales: noviembre 2018

El show antes que el rigor

Cuando ustedes lean este artículo habrán pasado ya unas semanas de uno de los últimos juicios de estos que se llaman «mediáticos». Era sobre el Caso Nàdia, en el cual se acusaba un matrimonio de haber estafado dinero a personas que colaboraron para financiar los gastos sanitarios de una supuesta grave enfermedad de su hija, Nàdia Nerea que da nombre al asunto.

La pareja Fernando Blanco y Margarita Garau estuvieron durante más de cuatro años recogiendo dinero apelando a una enfermedad extrañísima de su hija que requería, según explicaban de plató en plató de televisión, viajar por medio mundo en busca de especialistas dada la elevada complejidad de los tratamientos. Detrás se escondía un chapucero abuso de la buena fe de centenares de personas y que acabó en los tribunales. El primero en alertar del trapicheo fue un profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha, Josu Mezo, a través de su blog malaprensa.com donde puso en evidencia las contradicciones del asunto.

Mezo escribió el 27 de noviembre de 2016 que «lo que hoy explico es, seguramente, poco popular. Pero creo que se tiene que decir. El periodismo sobre buenas causas no puede estar exento de las reglas normales de la profesión, que se resumen en una de suela: hacer todo el posible porque todo lo que se explica sea verdad». No cuestionaba en aquel momento la actuación de los padres, de quienes dice entender que si el caso es cierto, una cierta desesperación. Pero sí que critica la tarea de los medios porque «el periodista no puede ser un simple reproductor de declaraciones inverosímiles. Su trabajo es, siempre, también en estos casos tristes, explicar la verdad».

Coincidiendo con el juicio, han aparecido voces recordando como la estafa –si la justicia finalmente así lo cataloga– ha sido posible gracias a los medios de comunicación, que convirtieron la supuesta enfermedad de la niña en un show mediático. Uno de los que lo hacía es el periodista Pascual Serrano, que en un artículo publicado en eldiario.es insistía en qué «todo esto se explicó durante meses en los platós de televisión sin que ninguno de los periodistas contrastara con ningún testigo, se asesorara con ningún profesional médico, o consultara ningún informe clínico».

Añadía Serrano: «No nos engañaron Fernando Blanco y Margarita Garau. Fueron los periodistas y los medios de comunicación, sobre todo televisiones, que no hicieron bien su trabajo y que se dedicaron a rellenar un tiempo de programación con poco dinero, para parecer solidarios y con mucha audiencia. Alguien tendría que calcular la publicidad que ingresaron las televisiones en los descansos de aquellos magazins con Nadia, quizás la cifra sea más grande que la que supuestamente han estafado los padres de esta niña». Quizás tendrían que contribuir a resarcir los que se han visto burlados en su buena fe.

Artículo publicado en el número 11 de la revista ‘Utopía’ –revista de la Selva Marítima y el Alt Maresme– en la edición de este mes de noviembre.

Anuncios

25 años no son nada…

Los días 19 y 20 de junio de 1993 yo era uno de los asistentes al Congreso Constituyente del Sindicat de Periodistes de Catalunya (SPC), en el centro cívico de les Cotxeres de Sants, bajo la presidencia honorífica del veterano Josep Maria Lladó. Mi participación era la de uno más en los debates. El único protagonismo fue formar parte de la comisión de recuento que certificó la elección de Enric Bastardes como primer presidente del SPC.

Ahora, 25 años después, tengo el privilegio y la responsabilidad de ser el presidente de la organización. Enric Bastardes, Dardo Gómez y Ramon Espuny han dirigido las diferentes juntas ejecutivas que ha habido desde entonces y que han convertido –entre todos y todas– el sindicato en un referente indispensable de la profesión. A mí me toca no estropearlo. Y creo, modestamente, que desde que fui elegido en el VIII Congreso celebrado el pasado 14 de abril, la Junta que lidero está haciendo muy buena labor gracias a la gente que la integra.

Pero para llegar a este punto se ha trabajado mucho en años anteriores. No lo detallaré aquí. La página web del SPC es testigo de todo ello. Pero sí querría destacar una cuestión: el papel decisivo del Sindicat de Periodistes de Catalunya para que hoy el Estatuto de Cataluña incluya un artículo 52 que establece cuáles son los deberes de la Generalitat para garantizar el derecho a la información de la ciudadanía. Durante su elaboración en el proceso participativo abierto por el Gobierno catalán aportamos las propuestas necesarias para ue así fuera. Los redactores del Estatuto lo incorporaron al texto final, que a pesar de ser uno de los artículos impugnados por el PP como anticonstitucionales, quedó incorporado tal cual salió de fábrica en la versión final. Ahora sólo falta que el Gobierno o los grupos parlamentarios lo desarrollen legislativamente  para hacer efectivo este derecho de la ciudadanía. Y no será porque no se haya pedido y presentado propuestas y documentación para que lo puedan hacer…

La profesión vive momentos difíciles. La precariedad laboral y la desregulación de los y las periodistas a la pieza, la falta de credibilidad de la profesión y de los medios de comunicación españoles según revelan varios sondeos de opinión, el desprecio de las empresas de comunicación por un periodismo de calidad priorizando la cantidad pagada a precios irrisorios y que el fotoperiodismo está pagando más duramente; la falta de respeto por los derechos de autoría, por los derechos laborales… Es un largo listado.

Muchos han dado la culpa a la crisis, a las nuevas tecnologías de la información, al cambio de los usos informativos o a las redes sociales. La crisis del periodismo, sin embargo, empezó mucho antes. Pero una ficticia bonanza económica en los medios hizo que todo el mundo o casi todo el mundo mirara hacia otra banda. La crisis, lo único que ha hecho es mostrar las fragilidades y las miserias con toda su crudeza. Y ahora se pagan las consecuencias con dos víctimas principales: unos trabajadores y trabajadoras inmersos en una precariedad cada vez más intensa, y la ciudadanía, que ve como su derecho a recibir una información veraz, plural y de calidad le ha sido hurtado.

Y los autores de este hurto son los propietarios de los medios de comunicación, y también el poder político que actúa como cómplice necesario, puesto que no ha hecho casi nada hasta ahora para garantizar este derecho universal humano a la ciudadanía. El año 1993, el Consejo de Europa aprobó por unanimidad el Código Europeo de Deontología del Periodismo, un texto que podríamos considerar casi revolucionario.

En su artículo 15 dice: «Ni los editores o propietarios [de los medios] ni los periodistas tienen que considerarse amos de la información. Desde la empresa informativa la información no tiene que ser tratada como una mercancía sino como un derecho fundamental de los ciudadanos. En consecuencia, ni la calidad de las informaciones u opiniones ni el sentido de las mismas tienen que estar mediatizadas por las exigencias de aumentar el número de lectores o de audiencia o en función del aumento de los ingresos por publicidad.» En su artículo 11 establece bien claramente que «las empresas periodísticas se tienen que considerar como empresas especiales socioeconómicas, los objetivos empresariales de las cuales tienen que quedar limitados por las condiciones que tienen que hacer posible la prestación de un derecho fundamental». Esto lo votaron todos los partidos y todos los países del Consejo de Europa, incluidos los españoles. Pero lo tienen oculto, pero no desfalleceremos en seguir recordándolo y a reclamar que se devuelva la información a su legítimo propietario, la ciudadanía.

Nuestro lema por estos cinco lustros de trabajo es «Ya tenemos sólo 25 años». Para coger fuerzas por todo el trabajo que tenemos que hacer como mínimo en los próximos 25 años podéis venir el lunes 5 de noviembre a celebrarlo con nosotros en el centro cívico Parc Sandaru.