El show antes que el rigor

Cuando ustedes lean este artículo habrán pasado ya unas semanas de uno de los últimos juicios de estos que se llaman «mediáticos». Era sobre el Caso Nàdia, en el cual se acusaba un matrimonio de haber estafado dinero a personas que colaboraron para financiar los gastos sanitarios de una supuesta grave enfermedad de su hija, Nàdia Nerea que da nombre al asunto.

La pareja Fernando Blanco y Margarita Garau estuvieron durante más de cuatro años recogiendo dinero apelando a una enfermedad extrañísima de su hija que requería, según explicaban de plató en plató de televisión, viajar por medio mundo en busca de especialistas dada la elevada complejidad de los tratamientos. Detrás se escondía un chapucero abuso de la buena fe de centenares de personas y que acabó en los tribunales. El primero en alertar del trapicheo fue un profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha, Josu Mezo, a través de su blog malaprensa.com donde puso en evidencia las contradicciones del asunto.

Mezo escribió el 27 de noviembre de 2016 que «lo que hoy explico es, seguramente, poco popular. Pero creo que se tiene que decir. El periodismo sobre buenas causas no puede estar exento de las reglas normales de la profesión, que se resumen en una de suela: hacer todo el posible porque todo lo que se explica sea verdad». No cuestionaba en aquel momento la actuación de los padres, de quienes dice entender que si el caso es cierto, una cierta desesperación. Pero sí que critica la tarea de los medios porque «el periodista no puede ser un simple reproductor de declaraciones inverosímiles. Su trabajo es, siempre, también en estos casos tristes, explicar la verdad».

Coincidiendo con el juicio, han aparecido voces recordando como la estafa –si la justicia finalmente así lo cataloga– ha sido posible gracias a los medios de comunicación, que convirtieron la supuesta enfermedad de la niña en un show mediático. Uno de los que lo hacía es el periodista Pascual Serrano, que en un artículo publicado en eldiario.es insistía en qué «todo esto se explicó durante meses en los platós de televisión sin que ninguno de los periodistas contrastara con ningún testigo, se asesorara con ningún profesional médico, o consultara ningún informe clínico».

Añadía Serrano: «No nos engañaron Fernando Blanco y Margarita Garau. Fueron los periodistas y los medios de comunicación, sobre todo televisiones, que no hicieron bien su trabajo y que se dedicaron a rellenar un tiempo de programación con poco dinero, para parecer solidarios y con mucha audiencia. Alguien tendría que calcular la publicidad que ingresaron las televisiones en los descansos de aquellos magazins con Nadia, quizás la cifra sea más grande que la que supuestamente han estafado los padres de esta niña». Quizás tendrían que contribuir a resarcir los que se han visto burlados en su buena fe.

Artículo publicado en el número 11 de la revista ‘Utopía’ –revista de la Selva Marítima y el Alt Maresme– en la edición de este mes de noviembre.

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