Periodismo vs. publicidad, un mundo sin ley

La semana pasada se presentó en Barcelona el libro La ética de los periodistas que hacen publicidad, escrito por Manuel López, periodista y doctor en Ciencias de la Información y profesor emérito de la UAB. Está editado por Ediciones Carena, una pequeña editorial independiente encabezada por el librero José Membrive. El amigo Manel tuvo la ocurrencia de pedirme a mí que hiciera el prólogo, cosa que he hecho de la mejor manera que he sido capaz.

La presentación consistió en un diálogo entre el autor del libro y el prologuista y también con las personas que acudieron a la Casa del Llibre –que acogió el acto– en una conversación muy amena no sólo sobre las prácticas en las que se centra el libro sino también sobre el periodismo en general. Una de las conclusiones es que el periodismo no vive un buen momento porque los intereses económicos, políticos y empresariales están –en la mayoría de medios, especialmente los más grandes– por delante del derecho a la información de la ciudadanía. Y algunos profesionales son cómplices de ello en primer grado.

El libro analiza a los profesionales de la información que combinan su tarea periodística con la publicidad, una práctica no permitida por los códigos deontológicos repartidos por todo el mundo. La cuestión es que los códigos deontológicos sólo son una referencia, no son de obligado cumplimiento y, por eso, hay empresas de comunicación –tanto públicas como privadas– que vulneran el articulado entero varias veces al día. Y los y las periodistas que –a cambio de un sobresueldo– se prestan a poner su profesionalidad en entredicho, también hacen nula observancia de sus preceptos.

Manuel López aporta en su investigación datos muy ilustrativos y relevantes sobre esta situación. La obra la podéis adquirir en un puñado de librerías o en la misma editorial. El prólogo, si os apetece, lo podéis leer en este enlace. Entre otras cosas, reclamo una ley que establezca que los códigos deontológicos sean de obligado cumplimiento y estipule sanciones para quienes los vulneren. ¿Os imagináis qué pasaría si el Código de Circulación fuera sólo una serie de recomendaciones de buenas prácticas sin que hubiera que respetarlas porque no pasaría nada a quienes lo infringieran? Pues esto es lo que pasa en el periodismo dónde a las normas deontológicas de tráfico no hay que hacerles ningún caso.

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